Los Golpes Levantan

Publicado en por Mario E. Esquinca Miceli

Los Golpes Levantan

Mario E. Esquinca Miceli

El último trabajo que realice en la ciudad de México, fue de administrador de un restaurante en el sur del D.F por Tlalpan, ahí aprendí más o menos cómo llevar un restaurante, en un horario de 16:00 hrs a cerrar (12 o 1 de la mañana).

Siempre llegue antes de mi horario, pues puede uno apoyar en algo. En fin, empecé a conocer el manejo de un restaurante en todas sus áreas. Hasta que un día el propietario (mi jefe) me dijo:“No sé que hacer contigo, pues no haces nada” dejándome sorprendido y desconcertado le respondí: ¡Para ti hacer algo es estar picando piedras! , debo decir que esto ocurrió un día después de que él regresara de un viaje de 15 o 20 días, durante el cual yo había asumido total responsabilidad durante su ausencia… Ese fue el golpe que me levantó… o como se dice coloquialmente “me cayó el veinte”…. Además de haberme “picado” el orgullo.

Me sentía un poco cansado y le dije a mi jefe que necesitaba unos días a cuenta de vacaciones, a lo que me respondió: “¡los que quieras!”, me tome ocho o diez días y así fue como regresé a mi tierra ¡Chiapas!

Al regresar me entusiasmó la idea de quedarme y ser productivo en mi Estado, así que pensé: si éste es el concepto que mi jefe tiene de mí, creo que no tiene caso continuar en éste trabajo, entonces decidí aventurarme a soñar, y comencé preguntándome: ¿qué voy a hacer, ahora? si esto es lo último que he hecho y tengo experiencia, porque no poner un restaurante… ya con la idea en mente, comencé a hacerme varias preguntas… ¿qué tipo de restaurante? ¿En dónde lo pongo? ¿Un local en renta, compro un terreno, tomo un traspaso? Y hablando de dinero ¿Caso hay?, como se acostumbra decir en el centro de Chiapas.

Me di a la tarea de ordenar mis ideas y administrar mis finanzas, que para ese entonces, dinero era lo que no había…. así comencé a buscar opciones de restaurantes, siempre orgulloso de mi tierra, pude observar que eran pocos los restaurantes formales que existían en Tuxtla Gutiérrez, capital del Estado y con potencial de crecimiento, así que decidí rescatar las recetas de mi mamá y comencé a recordar mis platillos favoritos de niño y aquellos que vendían en la calle o que preparaban en día de fiesta. Fue entonces decidí establecer un restaurante de comida chiapaneca, pero un lugar en donde se pudiera sentir uno como en casa y que te diera el ambiente de un día de fiesta tuxtleca.

Salí a buscar locales comerciales en mi vocho, tratando de encontrar aquel que “me cerrara el ojo”, sin embargo no encontraba uno que pudiera adaptar y que estuviera dentro de mi presupuesto. Uno de mis cuñados fue el que vio un espacio en renta, sobre el lado Oriente de la ciudad en la avenida central, iba a ser un estacionamiento, y me animé a preguntar por ese lugar, propiedad de un excelente ser humano Don Guzmán García Álvarez, persona íntegra y visionaria. Acordamos que me rentaría el lugar, y en aquel entonces, me concedió que le pagara la mitad de la renta hasta que abriera el negocio y así pudiera pagarle completo, un excelente trato para un joven emprendedor sin mucho capital para invertir.

Así comencé el sueño de construir el restaurante… como no tenía paga, lo poco que traía de la ciudad de México, se me fue en puros ladrillos, logré acondicionar el espacio con servicios básicos (cocina, almacén, sanitarios y área de servicio) y colocar palmas a manera de tejado. El mobiliario y los enfriadores fueron gracias al apoyo de la Carta Blanca (Hoy cervecería Cuauhtémoc), también me apoyaron mis amigos a colocar palmas, limpiar el espacio, montar las mesas, etc.

Mi familia me apoyaba con todo lo relacionado a la cocina pues aunque disfrutaba de la comida chiapaneca, mi especialidad no era cocinarla y todos los insumos del restaurante fueron “fiados” (a crédito). Hace casi 40 años, la palabra era una garantía de pago, existía la confianza y se pudo lograr que todos mis proveedores me dieran crédito, así comencé con mi sueño y al inicio, todo lo que se vendía servía para pagar el adeudo adquirido con ellos, por eso puedo decir que los golpes levantan, aprende uno y se toma el valor para afrontar los retos de la vida, en donde el dinero es la menor limitante para realizarlos.

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